Desarrolla una mente brillante, deshazte de las muletillas

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“No hay nada más sensual que una mente brillante”

Seguramente todos tuvimos a alguna profesora o profesor que nos sedujo a tal grado que, incluso sin que nos diésemos cuenta, nos orilló de una forma deliciosamente sutil a, no sólo prestar atención, sino… a enamorarnos del tema que abordaba. Si la asignatura de Historia te parecía aburrida, me atrevo a asegurarte que lo que ocurrió fue que la persona encargada de impartirte tan emocionante y sustanciosa materia no sabía Cómo Hablar en Público de forma asertiva y su personalidad probablemente te pareció que era la última opción para alojar una mente brillante.

Una mente brillante siempre termina convirtiéndose en un imán energético para su sociedad circundante. No sólo nos referimos a que las personas suelan querer estar cerca de aquellos que posean una mente brillante; sino sobre todo a la credibilidad y confianza que, la sociedad, deposita en los portadores de estas mentes. Y te tengo una buena noticia: ¡Hay altas probabilidades de que TÚ poseas el potencial de desarrollar una mente brillante o que incluso ya la tengas trabajando a todo lo que da! “Entonces ¿por qué el mundo no me ubica como una mente brillante?” podríamos preguntarnos. Y si aún no hemos publicado una decena de exitosos libros con contenido extraordinario sobre un tema que dominemos, o si no nos han otorgado un premio nacional o internacional que avale públicamente nuestro alto y sensual intelecto, la respuesta puede ser muy simple: “seguramente no parece que nuestra mente sea brillante”.

Para Hablar en Público y convencer a otros, lo que parece, termina siendo fundamental para el resultado. El miedo a ser juzgados durante y tras la exposición ante otros u otro es lo que limita y acosa hasta a las mentes más brillantes. Y he aquí uno de los principales síntomas que evitan que tu público, o tu prospecto o prospecta a la seducción, perciba que alojas una mente brillante: ¡Las muletillas!

Cualquier manifestación que sugiera duda o inseguridad sobre la personalidad de nosotros mismos o sobre nuestros conocimientos del tema en cuestión, impactará de forma negativa en nuestro público y en la posibilidad de la persuasión general sobre una idea o mensaje. Entonces, es a través de las muletillas, que revelamos nuestro miedo escénico, entorpeciendo y a veces impidiendo la posibilidad de ser percibidos como mentes brillantes y, por lo tanto, alejándonos del poder de seducción.

Una seria investigación universitaria de la UNAM, arrojó como datos sustanciales que en México las principales muletillas verbales son: “este”, “bueno”, “pues”, “entonces”, “wey” y “güey”. Así como las preguntas al final de las frases: “¿sí?” y/o “¿no?” y las cacofonías: “eh…”, “ah…” y “mmm…”.

Si nos apegamos a un análisis comparativo entre las palabras muleta y muletilla, instintivamente nos resultará obvia la relación. Todos los diccionarios de lengua española nos hacen referencia (en el caso de muleta) al artefacto sólido utilizado por el enfermo, herido o lisiado, que le sirve como sostén al colocar un extremo de este bajo una axila y apoyando el otro extremo en la superficie por la cual se pretende desplazar. Podemos decir que la muleta funciona para remplazar la mecánica que le correspondía a otra parte del cuerpo del enfermo, herido o lisiado; específicamente, a un pie o una pierna. Así mismo, la gran mayoría de los diccionarios coinciden en que la muletilla es simplemente una palabra o frase repetida de forma habitual por un individuo. Sin embargo, la intención del presente artículo nos obliga a destacar la estrecha relación entre ambas palabras. ¡Notemos que incluso es la primera de ellas (muleta) la que nos brinda sentido para generar un lenguaje óptimo que nos permite ubicar, objetivamente, sutilezas prácticamente imperceptibles para el ojo y el oído no entrenado en las artes de la persuasión!

Visto así, podemos aventurarnos a aseverar que las muletillas, tratan de auxiliarnos, como si nuestro intelecto y lenguaje estuvieran heridos o mutilados y necesitaran de una muleta para poder seguir avanzando. Pero si tus piernas están rotas… no necesitas muletas, ¡necesitas una buena intervención médica, seguida de inmovilización en lo que se reparan tus huesos!

Las muletillas suelen ser difíciles de ubicar por quien las usa. Pero ese es el primer paso para controlarlas y luego erradicarlas. Cuando un profesor experto en la disciplina del Cómo Hablar en Público nos hace notar nuestras principales muletillas, podemos intervenir a consciencia para dar inicio al proceso de eliminarlas y mostrar un pensamiento fluido en nuestra expresión verbal. “Verbo mata carita” y una mente brillante pone las reglas de la seducción.

Tarea: Hacer una rigurosa observación sobre mi forma de hablar, durante mis pláticas informales y cotidianas, para identificar mis principales muletillas verbales.

Sergio Rüed
Premio Nacional de Excelencia 2017
Senado de la República / Salón de la Fama

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